Capilla de Nuestra Señora del Arco

Una de las más destacables particularidades de Mianos es la capilla exterior anexa a la Iglesia parroquial de Santa María de Mianos, la llamada Capilla de Nuestra Señora del Arco. Está adosada al muro del presbiterio, apoyada entre los altares dedicados a Santa Ana y a la Virgen María.

La curiosa historia de este pequeño rincón reside en la gran devoción que los habitantes de Mianos profesaban a la Virgen María, a quien no podían visitar siempre que deseaban dado que el templo solía cerrar. Tal era estas ganas de visitarla que se mandó levantar otro altar, exterior, para estar en constante vista de los fieles.

La capilla no tiene comunicación con la iglesia. Está cerrada por una verja de hierro terminada en semicírculo en la que se puede leer “ESTE REXADO Y PORTICO HIZO FACER D. PEDRO MATHEO BENEFICIADO VILLAMEDIAN AÑO 1756″ .  La capilla, de pequeño tamaño, está cubierta por una bóveda torneada. Sus muros están pintados al fresco en su lado interior. Mide unos cuatro metros y medio de alto, tres de largo y tres de ancho.

El altar es de madera y mide unos dos metros. En su centro podemos encontrar el retablo, también de madera y datado en la segunda del siglo XVIII, con la imagen de la Virgen María y el niño Jesús en su mano izquierda. La imagen mide algo más de un metro de altura.

En los muros laterales podemos encontrar dos cuadros pintados al óleo, siendo el más importante el que representa el Patrocinio de Nuestra Señora, de dimensiones de un metro de lado por dos metros de altura.

En el texto Culto de María en la Diócesis de Jaca (1889), podemos encontrar la solemne descripción de esta capilla y los sentimientos que despertaba a los fieles:

“En aquella adosada hornacina, mora la que, ofreciéndose gustosa á servir de centinela de los vecinos del pueblo de Mianos, vela noche y dia para defenderlos y avisarles en los peligros que puedan correr sus personas y haciendas. Ella, sin dar voces como el sencillo pastor; sin herir los oidos como el eco sonóro de las campanas, llama, previene y defiende ä los que son ovejas queridas de su místico rebaño, y fieles asistentes ä su templo espiritual; para que el enemigo de las almas no los aprisione en sus funestas cadenas, ni el mundo los precipite en sus escollos y profundos abismos. Tanta bondad y tan solicito amor de la Madre reclaman en justa correspondencia la gratitud y filial respeto de los hijos, y estos sentimientos de los fieles se ven por fortuna sensibilizados constantemente con actos de adoracion y alabanzas, ante el altar de la que, siendo Reina y Soberana, es ä la vez su mediadora y abogada. Ante la verja del altar de Maria se postran los hijos de Mianos, conduciendo muchas veces de la mano á los tiernos infantes que ofrecen á la Virgen, poniéndolos tambien ante su trono como ofrenda propiciatoria y vinculo de reconciliacion, para que no caigan sobre sus padres los azotes del Cielo, ni los castigos que merecen por sus faltas y pecados. Plácemes mil debo consagrarles desde mi retiro, no para despertar en sus corazones los vanos sentimientos de la presuncion, sino para inflamar más y más en sus almas la piedad y devocion á la sagrada imagen de Nuestra Señora del Arco.”

Las creencias populares dicen, como se ha encontrado después en las documentaciones, que aquí se encuentran una serie de lápidas, por lo que es probable que esta capilla tuviese como función la de prestar servicios al cementerio, lo que cuadraría sabiendo que el cementerio, en origen, estaba en la cara este de la iglesia.

Actualmente, esta singular capilla se encuentra en un estado bastante lamentable dada la dejadez de las autoridades civiles y eclesiásticas que no ponen los cuidados suficientes para protegerla del paso del tiempo y las inclemencias del clima. No obstante, visitar este rincón de Mianos nos transporta a la época de nuestros antepasados y su ferviente fe que, sin duda, sirvió para poder disfrutar hoy en día de esta pequeña joya.